No puedo decir cuando fue que la “música” se metió dentro de mí, si es que en algún momento no estuvo dentro.
Si ese fuera el caso, el primer recuerdo que tengo (aparte del sonido de las voces de mis padres, mi familia y del entorno), es el de escuchar música clásica proveniente de los discos de pasta que ponía mi padre para hacernos dormir así como el de la primera cuerda de mi primer guitarrita sobre la que intentaba tocar algo sobre una canción de las hormiguitas que me habían enseñado.

Ni siquiera se si lo que llevo dentro es la música, el hambre por ella, o simplemente, la capacidad para recibirla, procesarla y trasmitirla.

Crecí escuchando la música de los discos que había en casa y cantando en la voz “A” del coro de la escuela, hasta que con mis primeros ahorros logré comprar un equipo de música y 10 cassettes para grabar todas las canciones que me gustaban y pasaban por la radio.

  Mis primeros estudios musicales tuvieron lugar en un conservatorio musical (Ma. Angélica Piola), donde aprendí a leer y a tocar partituras de obras clásicas de guitarristas internacionales. Pero lo que yo quería aprender eran los acordes que necesitaba para tocar y cantar las canciones populares que me gustaban. Casi sobre el final de esos años de estudio, logré que el director del conservatorio, que me tenía en estima, me enseñara algunos.

En la adolescencia la música comenzó a expresarse a través de mí, en forma de canciones, que componía con vergüenza encerrada en mi cuarto.


A partir de ese momento y mientras continuaba con mis estudios en una carrera de corte científico, crecía esa necesidad interior e indescriptible de hacer canciones y de estar relacionada a la música, aunque sólo fuese cantando y tocando música de otros en campamentos, cumpleaños y en una banda de rock (Piratas Paralelos).
Fue un ex - compañero del coro, Carlos Rojí, el primero en arrastrarme fuera de mi habitación, invitándome a formar un dúo (Intentos) para cantar nuestras canciones, y un grupo (Cánticos) para cantar las de otros en casamientos.
El dúo se convirtió en trío (Verdades Inútiles) con la incorporación de Guzmán Escardó (ex – profesor de guitarra de Carlitos) y sus canciones.
En Verdades Inútiles tuve mi primera experiencia de dedicación intensa a la música. Tuvimos ensayos durante 4 meses seguidos, de lunes a jueves y en un horario de locos (único hueco que nuestros trabajos nos dejaban), de 7 a 11 de la mañana, con el fin de arreglar el repertorio de canciones que presentaríamos por primera vez en junio del 98, en el teatro Puerto Luna, en un ciclo de músicos uruguayos.

Inés Saavedra canta con Gastón Rodríguez “Danza sin tiempo” tema de un video clip que es pasado por todos los canales de TV en los programas de música uruguaya.

Por otra parte, Guzmán también se incorpora a Cánticos y lleva con él a un tal Gastón para encargarse del sonido. Ni se sabe la sorpresa que me llevé cuando al cabo de un tiempo, el “sonidista” del grupo resultó ser Gastón Rodríguez y me invita a cantar en su tercer disco, “Surnacimientos”.
Otro de los acontecimientos que marcó mi presente fue el toque que tuvimos con Verdades Inútiles en otro ciclo de músicos uruguayos, en el taller de arte La Casa de Berro, organizado por Daniel López (músico conocido de Guzmán). Al cabo de algunos meses, y justo cuando el trío se disolvía, fue Daniel el que me llamó para proponerme el presentarme como solista, en un concurso para cantautores organizado por AGADU, a comienzos de 2001 (Ciclo Creasonidos).

Inés Saavedra se presenta por primera vez como solista pop, el 12 de octubre de 2001 en el teatro de AGADU, acompañada por una banda armada y dirigida por Daniel López.

A su vez, Daniel también es seleccionado y me invita a cantar con él una de sus canciones. Cómo iba a imaginar que “casualmente” entre su público se encontraba Esteban Klisich, maestro de Daniel (y de Guzmán y de Gastón… y de la mayoría de los músicos uruguayos), quien pocos meses más tarde, me invitara a interpretar varias canciones suyas en su séptimo disco “Veintiocho”… ¿otra coincidencia significativa?
Tal como me había dicho Guzmán, incluso antes de “vincularme” a Gastón y a Daniel: lo importante es estar en movimiento.

Inés Saavedra canta “Veintiocho”, “Zamba del solo”, “Por causa de un gorrión”,”Galopa de la cabeza”, “Parménides” y “Un martes de carnaval” en el disco “Veintiocho” de Esteban Klisich.

Hasta mediados del 2002, descarté toda posibilidad de grabar un disco; no me sentía preparada ni afín con las canciones que tenía hasta el momento.
Sin embargo, para fines del mismo año, contaba con un repertorio totalmente nuevo y luego de varios “manijazos” de otros músicos que fui conociendo “casualmente” (por ej. Jorge Schellemberg) y de conductores de programas musicales que me habían entrevistado, comencé a cuestionarme la posibilidad de grabar.
Terminé de decidirme justo a comienzos de la reciente crisis económica (principios de 2003), cuando me quedo sin trabajo y me pagan el despido. Si las casualidades no existen, qué mejor oportunidad que esa para tomarme un año sabático y destinar nuevamente todos mis ahorros a algo relacionado con la música, pero en este caso, un algo más ambicioso: mi primer disco de autor.

En la crisis económica quedo sin trabajo y me pagan despido: oportunidad para destinar mi tiempo y ahorros al disco “las casualidades NO existen”.

Y así fue como Daniel y yo nos embarcamos en el proyecto de trabajar durante un año entero en la preproducción de mi primer disco de autor "Las Casualidades No Existen" y otro medio año para la grabación, mezcla, pasterización y edición.

La experiencia de trabajo en conjunto es tan enriquecedora que decidimos emprender nuevos desafíos juntos, entre los que se destacaron:

   -  la creación de la música para la obra de teatro "Sade, el divino marqués sucumbe ante la violencia" de Andrés Caro Berta, protagonizada por Walter Rey  (estrenada en Montevideo en febrero de 2004 y en Madrid, España, en junio del mismo año),
   - la producción artística del primer disco de autor del propio Daniel López, "Acuario" (Koala Records 2008) y
   - actualmente, la producción artística de mi segundo disco de autor (cuyo nombre daré a conocer en breve).
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